EL SAFARI BLUE, LA EXPERIENCIA TOTAL EN ZANZÍBAR

EL SAFARI BLUE, LA EXPERIENCIA TOTAL EN ZANZÍBAR

La excursión conocida como Safari Blue es una de las más populares en Zanzíbar y, después de haberla podido disfrutar, puedo confirmar que su fama es más que merecida. Recibe su nombre de la primera empresa que la comercializó, aunque hoy en día puede contratarse con cualquier agencia o guía local. Se trata de una excursión-crucero de día completo por la bahía de Menai, al sur de la isla de Unguja, la más grande de Zanzíbar. Al tour no le falta de nada: playas de ensueño, estanques de agua salada, manglares, snorkel, barquitos tradicionales, marisco, baobabs gigantes y, si tienes suerte, incluso delfines. Sigue leyendo y te cuento en qué consiste.

NUESTRO SAFARI BLUE

El Safari Blue comienza en la playa de la localidad de Fumba, al sureste de la isla y a una media hora de Stone Town. La mayoría de excursiones parten desde allí, pero si contratas la excursión podrás negociar que vayan a buscarte a tu hotel, no importa dónde te alojes. Nosotros hicimos el tour en privado con un guía local, así que a las 7.30 nos recogió el taxi e hicimos el recorrido hasta Fumba (poco más de una hora). Al llegar, hicimos una pequeña parada para proveernos de aletas y gafas de buceo, y de ahí nos dirigimos a la playa desde la que parten los barcos. 

La primera sorpresa nos aguardaba allí. El barco en el que íbamos a pasar el día era un dhow, el barco árabe tradicional que surca las islas del Índico, construido de madera y con su peculiar vela triangular. Precioso. Como nuestro tour era privado, en la barca montamos sólo nosotros 4, y 6 personas de tripulación. Nos sentimos realmente agasajados con semejante despliegue. La tripulación no hablaba español, pero el capitán hablaba inglés y el resto lo chapurreaban.

Montamos en la barca y comenzó el crucero. Para estos primeros trayectos, los marineros utilizaban el pequeño motor del barco, que nos permitía llegar antes a los sitios. En cuanto el dhow se puso en marcha, empezamos a disfrutar. El sol brillaba en un día espléndido, y el Índico nos mostraba toda su gama de colores turquesas. Con la velocidad de la navegación a motor, el agua de las olas nos salpicaba en la cara, como si el océano nos saludase y nos diese la bienvenida.

La primera parada de nuestra excursión fue en el  banco de arena. Es un lugar increíble, una especie de playa flotante, rodeada de mar por todas partes, y que sólo es visible cuando la marea está baja. Por las noches queda enterrada bajo el agua. Me resulta imposible explicar con palabras la belleza de ese lugar, y ni siquiera las fotos le hacen justicia. Tal y como nuestro guía nos había prometido, el madrugón era necesario y no había nadie cuando llegamos. Solos en el paraíso. Bajamos del dhow y recorrimos todo el islote, sin parar de hacernos fotos, mientras la tripulación montaba un toldo rudimentario con una tela y cuatro postes de madera. Nos preguntábamos incrédulos si eso era para nosotros. Cuando todo estaba listo, el capitán nos dijo que nos marchábamos ya y esta vez le costó que le obedeciéramos. ¡No queríamos irnos de allí!

Nos convenció prometiendo que después volveríamos para tomar el almuerzo. Teníamos que ir a la siguiente parada y también debíamos ser los primeros para disfrutarla en la más absoluta intimidad. 

Navegamos hasta la isla de Kwale, e hicimos una parada en una playa en la que bajaron varios marineros con un montón de aperos. Aún no lo sabíamos, pero se iban a preparar nuestra comidita… Nosotros fuimos directamente navegando a un estanque interior de agua salada rodeado de manglares. De nuevo, la belleza del lugar y de sus aguas turquesas nos dejó sin palabras. Todo el espacio estaba poblado por rocas con formas imposibles debido a la erosión del agua. El dhow echó su ancla al fondo y nos lanzamos, literalmente, a nadar en un paraíso solo para nosotros. Fue increíble.

Cuando otra barca (no como la nuestra, una con más turistas) llegó a la laguna, el capitán nos dijo que era el momento de regresar al banco de arena. Esta vez no protestamos. Cuando llegamos, nos instalamos debajo de nuestro toldo (sí, era para nosotros) y la tripulación nos había preparado una bandeja de frutas: sandía, plátano, mango, piña… Todavía estábamos solos, a excepción de un muchacho que había llegado no sabemos de dónde y que vendía latas de cerveza frías.

Disfrutamos del almuerzo y nos bañamos, haciendo miles de fotos. En el tiempo que estuvimos allí ya empezaron a llegar otras barcas y el islote se fue llenando de gente, aunque nunca llegó a dar la sensación de masificación que hemos vivido en otros lugares. Nosotros decidimos partir, esta vez mar adentro, para hacer snorkel.

La bahía de Menai es una reserva marina protegida. Navegamos hasta un punto en el que había un par de barcas más, y con el equipo que habíamos cogido en Fumba nos pusimos a bucear. Dicen que las aguas de la zona todavía no se han recuperado del último tsunami, sin embargo pudimos disfrutar de muchos peces, anémonas, corales, estrellas y erizos de mar… No es el mejor snorkel que hemos hecho, pero sin duda merece la pena asomarse.

Llegaba la hora de comer, así que pusimos rumbo de nuevo a la isla de Kwale, y esta vez nos dirigimos a la zona “comercial”. Es curioso, porque la isla está deshabitada, pero todos los días llega gente haciendo excursiones, por lo que hay un montón de puestos para comprar artesanías y souvenirs, y una zona preparada con mesas y bancos de madera, a la sombra de los árboles, para comer. Nos sentamos en la mesa y llegó la gran mariscada. Langostas, calamares, langostinos, pulpo… una bandeja que quitaría el hipo a cualquiera, y todo a la brasa. Acompañado de patatas fritas y bebidas frescas (agua y refrescos). Además, pasaban chicos con neveras por si querías cerveza fresca (fresca nivel Tanzania…).

Después de comer tuvimos tiempo libre para bañarnos y recorrer los chiringuitos. Aprovechamos para comprar algún recuerdo a buen precio (siempre regaetando). 

Después fuimos andando hasta un lugar en el que se encuentra el que dicen que es el baobab más antiguo de Zanzíbar, de más de 300 años. Lo sea o no, es un árbol impresionante cuyas raíces crecen fuera de la tierra, dando esa sensación de los baobabs de ser árboles boca abajo. Se puede trepar por sus raíces para hacerse mejor a la idea de su gran tamaño.

Tras esta última visita, nos dirigimos de nuevo al dhow para iniciar el regreso. Cuando nos alejamos lo suficiente de la costa, los marineros desplegaron la vela y apagaron el motor. Fue una experiencia realmente única, surcar las aguas del Índico en absoluto silencio y notando el viento impulsaba con fuerza nuestra embarcación. En muchas ocasiones en este recorrido pueden verse delfines, pero no fue nuestro caso. Hubiera sido la guinda a un día al que poco más se le podía pedir.

ALGUNOS CONSEJOS PARA EL SAFARI BLUE

¿Cómo contratar la excursión?

A la hora de contratar la excursión, hay mil opciones. En el propio hotel, en agencia, o callejeando y charlando con los distintos guías que circulan por cualquier punto turístico. Nosotros estuvimos indagando por Internet y encontramos unas referencias buenísimas de un guía llamado Marbella. Tan buenas eran que nos pusimos en contacto con él por WhatsApp e increíblemente tenía disponibles los dos días siguientes. Es un tipo graciosísimo con un increíble dominio del castellano y todo un repertorio de imitaciones de Chiquito de la Calzada y similares. Pero lo mejor, te garantiza que vas a estar sólo en los sitios, y lo estás (aunque eso implique madrugar). Se esmera constantemente en que estés bien y la excursión sea inolvidable, y lo consigue. Repetiría sin duda. Si necesitáis su contacto, sólo tenéis que pedirlo.

¿Qué tengo que llevar al Safari Blue?

Cuanto más ligero, mejor, como siempre. Pero hay una serie de imprescindibles que debes llevar contigo. Por supuesto el traje de baño (lo mejor es llevarlo puesto, ya que lo usarás constantemente) y una toalla ligera. Unas chanclas para calzarse y descalzarse con facilidad. Una gorra o algo para cubrir la cabeza, unas gafas de sol y, lo más importante, protección solar que tendremos que ir reponiendo cada cierto tiempo. Si tienes cámara de fotos acuática, es el complemento ideal.

¿Cuánto cuesta el Safari Blue?

A nosotros nos costó 75€ por cabeza. El precio incluye el transporte en taxi hasta Fumba, todos los traslados en dhow, el equipo de snorkel, el almuerzo, la comida y bebidas frías (agua y refrescos). El precio dependerá mucho de si contratas el tour privado o vas con más gente, y también de dónde te alojes. En cualquier caso, regatea. Y por nada del mundo dejes de hacerla.

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